No hay despedida para el que se queda
tatuado en los pliegues de la mente.
Aunque la vida gire en su rueda,
tu aroma y tu voz siguen presente.
Te busco en los días de lluvia y sol,
en los abrazos que guardo en el pecho.
Fuiste refugio, faro y crisol,
y tu recuerdo hoy es mi derecho.
Descansa en la calma de mi memoria,
donde la muerte no tiene poder.
Allí se escribe aún nuestra historia,
allí te vuelvo, siempre, a ver.
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