A veces me detengo en el silencio,
en medio de la rutina y su equipaje,
y me asombro al ver este paisaje
que hemos construido, beso a beso.
Me pierdo en tu mirada, en tu refugio,
y aunque el tiempo pase sus jornadas,
seguimos aquí, manteniendo las mismas caras,
viviendo este amor sin subterfugios.
Y te miro de nuevo, Jorge, y me rindo,
ante esta verdad que el pecho me invade,
con un asombro que el alma me añade:
¡Es difícil pensar que te quiero más que a nadie!
Porque no hay medida, ni hay frontera,
que detenga este fuego que me nace;
eres tú mi principio y mi enlace,
mi eterna y más dulce primavera.
martes, 20 de febrero de 2024
El peso de este amor
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