El mundo afuera se vuelve un torbellino,
las estaciones cambian su color,
pero en el refugio de nuestro destino
se detiene el reloj y el segundero del dolor.
Podrán pasar mil inviernos por la puerta
y el calendario perder sus esperanzas,
pero al despertar, con el alma despierta,
seguimos manteniendo las mismas caras.
Esas que se buscan en la sombra del sueño,
que se reconocen sin usar las palabras,
porque en este amor del que soy el dueño,
el tiempo no muerde, ni el frío nos cansa.
No importa la arruga que el tiempo nos trace,
ni el rastro de plata que el pelo disfraza;
mi corazón se queda en el mismo enlace:
manteniendo las mismas caras y la misma calma.
lunes, 19 de febrero de 2024
Tu mirada en mi espejo
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