jueves, 10 de marzo de 2005

Para mi hija: Raíces y alas

Te vi desplegar las alas casi sin darme cuenta,
cambiaste las muñecas por tormentas y respuestas.
Hoy eres la mujer que ayer apenas soñaba,
valiente, decidida, con el alma siempre brava.

Tu risa sigue siendo la brújula de mi casa,
aunque ahora camines por senderos de otra traza.
Admiro tu coraje, tu ternura y tu intelecto,
tu forma de ser libre, con tu brillo tan perfecto.

Hija, que la vida te trate con la misma suavidad
con la que tú sostienes tu propia libertad.
Recuerda que en mi abrazo siempre tienes un abrigo,
y que, además de madre/padre, soy siempre tu amigo/a.

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