Se encontraron, sí,
pero no como se encuentran dos objetos,
si no como se encuentran la sed y el agua,
como se reconoce el fuego en la madera.
Es una arquitectura sin ladrillos,
un puente hecho de aire y de verdades,
donde el "yo" y el "tú" se vuelven ovillo
y se olvidan de sus propias soledades.
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