En el gris de la tarde, mi cielo era frío,
una página en blanco, un cauce vacío.
El mundo era un trazo de sombras distantes,
sin rumbos claros, sin luces vibrantes.
Pero abriste tus manos y el aire cambió,
la tormenta interna por fin se alejó.
Donde hubo ceniza, pusiste el destello,
borrando lo amargo, dejando lo bello.
Ya no hay nubes que empañen mi antiguo destino,
has puesto colores por todo el camino.
Con un solo gesto, con un compromiso,
me has regalado el arcoíris en un solo hechizo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario