Se detiene el mundo y su ruido inclemente
cuando el aire se llena de tu rastro divino;
no es solo el aliento, es el alma presente
que viene a marcarme de nuevo el camino.
Al respirar su esencia, el miedo se olvida,
el pecho descansa, se calma el empeño;
es el bálsamo dulce que cura mi vida,
mientras sostienes el hechizo de mi sueño.
No necesito palabras, ni luces, ni nombres,
me basta el perfume que emana tu calma;
ese rastro de cielo que hace que te asombres
y me devuelve, por fin, toda el alma.
cuando el aire se llena de tu rastro divino;
no es solo el aliento, es el alma presente
que viene a marcarme de nuevo el camino.
Al respirar su esencia, el miedo se olvida,
el pecho descansa, se calma el empeño;
es el bálsamo dulce que cura mi vida,
mientras sostienes el hechizo de mi sueño.
No necesito palabras, ni luces, ni nombres,
me basta el perfume que emana tu calma;
ese rastro de cielo que hace que te asombres
y me devuelve, por fin, toda el alma.
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