Cuánta impotencia sienten algunos padres al ver cómo la juventud
de sus hijos en estos últimos años se va al garete,
Mi hijo, por ejemplo, tanto estudiar, tanta preparación y ¿para qué?
¿Para qué? Desde hace dos años, por reducción de trabajo
Me lo echarán a la puta calle y, ¡perdón por el taco, pero!
es como me siento!!
Como siempre echan a los últimos que han entrado y a él le toco junto
a otro compañero; desde entonces no ha parado de echar currículum.
De patearse las calles las empresas y siempre la misma frase.
La cosa está muy mal con la crisis.
Dos años perdido, cansado de hacer cursos que le ofrece el paro y…
¡Ya hay que justificar el dinero! Pues después, nada.
¡Y ahora se me ha apuntado al ejército!
Ahora, ¿qué hago? Sabéis cómo me siento, qué impotencia siento.
De ver que no le queda otra por el momento, tanto estudiar
Tanta preparación para estar haciendo chapuza aquí y allá,
no es que haya estado tirado a la bartola, pero quince días aquí
o mañana te llamo para echar el finde; eso no es trabajar como él dice.
Me siento defraudada; no me extraña que en estos últimos días
la juventud se echará a la calle,
no tiene nada; es una juventud desencantada, nadie les ofrece nada.
Y ellos se echan a la calle ahogados por la falta de trabajo,
por la falta de vivienda, por la falta de esperanza de todo,
Piensan que son una carga para sus padres; nadie quiere ver
en estos jóvenes que son el futuro.
¡Y ahora se me ha apuntado al ejército!
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