“Mi nieta se llamará Patricia”,
lo dijo el viento al amanecer,
como quien guarda una caricia
que todavía está por nacer.
Tendrá en los ojos la ternura
de los recuerdos y el hogar,
y en su sonrisa la dulzura
de quien aprende a soñar.
Su nombre sonará en la vida
como campanas junto al mar,
y cada paso, cada risa,
será motivo para amar.
“Mi nieta se llamará Patricia”,
y al decirlo el corazón
parece escribir con poesía
una promesa y una canción.
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